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Cuando San Fernando viene a la Reconquista de Sevilla traía ya preparado el plan de recristianización, reconstruyendo la diócesis que había brillado antes de la invasión de los árabes, primera quizás entre las de España, y en la que el sabio obispo San Isidoro había escrito las Etimologías para salvar del olvido la cultura hispanorromana. En su obra recogió todo el saber de entonces, desde la medicina a la construcción de barcos, la botánica, las artes, la arquitectura, la milicia y hasta los deportes.
Así, pues, San Fernando intenta devolver a Sevilla su pasado esplendor cultural, que había estado vinculado a la Iglesia, y para cuya restauración era indispensable recobrar el saber eclesiástico reponiendo el culto, la doctrina, la liturgia.
Para ello organiza la sociedad sevillana dividiendo la ciudad en parroquias, lo que equivale a dividirla en barrios, en collaciones, que es como se llaman en su tiempo.
La collación de San Lorenzo tiene sus límites por un lado en la calle Pascual de Gayangos, que entonces empezaría a llamarse, quizás, Espejo. Por otro lado el límite era La Laguna, que ocupaba lo que después sería convertido en Alameda de Hércules. Así que la actual calle Jesús del Gran Poder, antigua calle de las Palmas solo tenía casas en una acera, pues la otra era la orilla de La Laguna.
Por el costado opuesto llegaba hasta la muralla que iba por la actual calle Torneo, bordeándola. Y finalmente llegaba hasta las tapias del Convento de San Clemente, por la calle Lumbreras, desde la calle Santa Clara.
Sin embargo, no era todo ese territorio parroquia de San Lorenzo, pues las calles Guadalquivir, Pizarro, Álvaro de Bazán, Clavijo, último tramo de Lumbreras y Arte de la Seda formaban un barrio apartado que no pertenecía a la parroquia y ni siquiera pertenecía al arzobispado de Sevilla, pues se trataba de una jurisdicción exenta: la Orden Militar de San Juan de Jerusalén. La Orden Militar de San Juan de Jerusalén había sido fundada por los caballeros Cruzados en el año 1104, y estaba encargada del hospital de los Cruzados y de la defensa de los caminos que llevaban al hospital. Más tarde los caballeros de San Juan fueron encargados de la defensa de la ciudad de Acre, y la orden se llamó de San Juan de Acre. Después se denominó de los Caballeros de Roda y finalmente Orden de Malta.
La Orden Militar de San Juan participó en la reconquista de Sevilla, como parte principal del ejército de San Fernando, mandando esta tropa el Maestre Garci Pérez de Vargas. Por esta importante ayuda, el Santo Rey concedió a la Orden el pequeñísimo enclave territorial de esas minúsculas calles, pero con jurisdicción propia y parroquia que no dependía de San Lorenzo, sino del Vicariato de la Orden, que a su vez dependía directamente del Papa.
Esta jurisdicción exenta duró hasta mediados del siglo XIX en que, suprimido aquel privilegio, pasó a integrar esta parroquia de San Juan de Acre, en la parroquia de San Lorenzo, y su archivo, en este archivo parroquial, lo que constituye un auténtico tesoro documental.
El barrio de San Lorenzo o de San Llorente o San Laurencio, que de todas estas maneras se decía en la Edad Media, tenía en su interior varias huertas y numerosos jardines. Todavía a principios y casi hasta mediados del siglo XX existían en la calle Pascual de Gayangos un huerto y jardín al que acudían las señoras del barrio a comprar flores todo el año.
Las huertas y jardines fueron cediendo su espacio a la edificación, y así se construyeron palacios como el de Santa Coloma, y enfrente el de los marqueses de Torres de la Pressa, y en la calle Jesús del Gran Poder el de los condes de Bagaes, hoy Conservatorio Superior de Música; el de Santa Clara, hoy en obras para instalar el Museo de la Ciudad; el de Santa Ana en la calle de su nombre; el de San Francisco de Paula, de religiosos, que después fue iglesia protestante y actualmente templo del Sagrado Corazón y Residencia de los Jesuitas; y el de las Mercedarias en calle San Vicente.
Barrio de San Lorenzo. Uno de los más bellos de Sevilla, y que todavía a pesar de los cambios sociales, aún conserva mucho de su prestancia y de su encanto.
José María de Mena
Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia.
(Publicado en el boletín parroquial Tu Parroquia nº 28 de Julio-Septiembre de 2002).
Informe técnico sobre proyecto de restauración del retablo situado en la nave lateral derecha, de la parroquia de San Lorenzo Mártir, de estilo barroco, en el que recibe culto el Santísimo Cristo del Amparo, obra de Dionisio de Ribas, del siglo XVII, que está realizado en maderas de pino y cedro.
Síntesis del contenido:
Tema: Retablo.
Motivo: Santísimo Cristo para el culto.
Medidas: 8 metros de altura.
Autor: F. Barahona (1682).
Ubicación: parroquia de San Lorenzo Mártir, Sevilla.
Estilo: barroco.
Restaurador: José Antonio Sanmartín Ledesma.
Estado de conservación:
- Presenta gran cantidad de fragmentos desaparecidos a lo largo de toda la superficie.
- Numerosas piezas sueltas con riesgo de desprendimiento y pérdida.
- Los movimientos de la madera han producido la apertura de rendijas.
- Muestra numerosos clavos visibles, ya que se han utilizado como remedio para sujetar algunas piezas.
- Ataques de insectos xilófagos en zonas independientes de la estructura.
- Pérdida generalizada del dorado.
- Policromía con suciedad.
Proceso de restauración:
1º.- Desmontar las piezas sueltas para su nuevo reajuste.
2º.- Tratamiento de la carcoma.
3º.- Consolidación de la estructura.
4º.- Limpieza y desengrase de toda la superficie.
5º.- Reintegración de las partes desparecidas.
6º.- Fijación del dorado.
7º.- Nuevo dorado de las partes reintegradas con oro fino en todo su conjunto.
El tiempo de duración de los trabajos de restauración será, aproximadamente, de tres meses siendo supervisados por el profesor D. José Pérez Conde, licenciado por la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, en Imaginería y Restauración.
El profesor Afredo J. Morales, describe el retablo y la imagen del Cristo en su trabajo "La Iglesia de San Lorenzo de Sevilla", Sevilla, 1981, de la siguiente manera:
Junto a la puerta que accede a la sacristía, en la cabecera de la nave lateral izquierda, se halla el altar del Cristo del Amparo. Su arquitectura es obra de Fernando de Barahona, quien concertó su hechura el 29 de octubre de 1682 con Diego Rodríguez Orihuela, cura párroco de la iglesia.
Presenta un cuerpo único apoyado sobre banco, se flanquea por dos columnas corintias de fuste finamente decorado y se remata con un medallón, en medio relieve, que representa la Oración en el Huerto. La imagen del Crucificado, propiedad de la parroquia cuando se firmó el contrato del nuevo retablo, fue recompuesta por Barahona, quien también hizo una nueva cruz para la misma. La escultura, que hasta la fecha mencionada se hallaba en la capilla mayor, se atribuye a Francisco Dionisio de Ribas y se fecha en la segunda mitad del siglo XVII. No existen, sin embargo, datos suficientes para afirmar que formó parte del retablo mayor, como se ha repetido en varias ocasiones, ya que sus dimensiones la hacen inadecuada para ir colocada a cierta altura.
La estructura del retablo demuestra claramente que el autor seguía los modelos fijados por Bernardo Simón de Pineda unos años antes. Corresponden al estilo peculiar de este autor el modo de articular los elementos arquitectónicos, el tipo de remates y los modelos arquitectónicos empleados.
(Publicado en el boletín parroquial Tu Parroquia nº 23, de Abril-Junio de 2001.)
Como el templo que lo cobija, el órgano de tubos de la iglesia parroquial de San Lorenzo de Sevilla constituye una obra importante dentro del rico acervo artístico que encierra nuestra parroquia, en muchos y notables aspectos; entre éstos, y no precisamente de los menos significativos, está el de ser un magnífico y sonoro exponente de la ya larga tradición musical de nuestra parroquia, verdadero patrimonio sonoro. Un legado cultural, artístico y religioso así, que nuestros antepasados han ido custodiando así, y conservando con tanto amor, dificultad y esfuerzo, no sólo tenemos el derecho y deber de conservarlo y protegerlo con delicado y constante esmero, sino acrecentarlo en la medida de nuestras posibilidades.
Entre los instrumentos musicales, ninguno es tan preciado y valorado en el templo como el órgano, pues este complejo artificio de técnica, sonido e interpretación musical llena de majestuosa solemnidad el espacio religioso, eleva el alma a Dios y presta belleza y dignidad a las funciones litúrgicas; las obras de arte musicales, espléndido tesoro y caudal de los mejores sentimientos estéticos, ejecutados en este instrumento, no pueden ser menos que unas verdaderas catequesis sonoras que nos conducirán necesariamente a una nueva dimensión de espiritualidad y goce estético.
Los órganos de tubos o tubulares, sobre todo si éstos son históricos, como es el caso que nos atañe, forman parte indiscutible del patrimonio artístico de la parroquia, localidad, provincia, comunidad o país; además, son casi siempre testigos seguros de los acontecimientos históricos de la comunidad donde éstos se integran. Requisitos indispensables para la conservación, cuidado y promoción han de ser necesariamente el conocimiento de su existencia, tener conciencia de sus valores y funciones tanto cultuales como culturales, así como una mayor consideración y estima hacia ellos.
La progresiva depauperación y falta de recursos económicos de la Iglesia para hacer frente al mantenimiento y conservación de su propio instrumental músico, en especial el de los órganos, ha ocasionado que, por ejemplo, en el transcurso de los últimos 60 ó 70 años, la comunidad autónoma andaluza, de tan larga y fecunda tradición organística, se haya convertido organísticamente hablendo, en un inhóspito cementerio de órganos, o en su defecto, y en la mayoría de los casos, en un colectivo de enfermos muy malheridos o en fase terminal. De los más de 400 órganos tubulares que en la actualidad se pueden inventariar en nuestra comunidad andaluza -de los más de 600 existentes otrora-, dos terceras partes de este número corresponden a instrumentos de los clasificados históricos. Pues bien, con estos datos sobre la mesa de trabajo, y sin temor a equivocarme, se puede decir que tan solo 90 ó 100 de estos instrumentos se mantienen en activo en toda Andalucía, unos en perfecto estado de conservación, y otros con más o menos achaques, fruto de la cada vez más esporádica presencia de la figura del organero conservador.
Por fortuna, nuestro excelso instrumento se escapa de ese largo listado de instrumentos malheridos o en fase terminal, todo ello gracias a las bien llevadas labores de restauración realizadas por el organero madrileño D. Luis del Val Macho que, entre otras consideraciones, c0nsiguió devolver a nuestro instrumento su primitivo esplendor y magnificencia sonora. Corría el año 1980, siendo párroco D. Rafael Pabón a quien, desde estas breves líneas y a título póstumo, debemos agradecer su tesón y pundonor para conseguir los medios económicos necesarios para poder emprender los ya mencionados trabajos de restauración y puesta a punto del instrumento parroquial.
Instrumento importante y bien construído, este venerable instrumento posee gran variedad de recursos y posibilidades a disposición del organista más exigente, y en perfecta consonancia con la finalidad a la que fue destinado y con el templo que lo acoge.
Ubicado en una tribuna alta a los pies de la nave central y frente al altar mayor, domina desde esta privilegiada posición la totalidad del espacio parroquial; la tribuna de madera policromada con decoración rocalla, se comenzó a hacer en abril del año 1782 y fue ejecutada por el artesano local Isidro Ruiz y Rey, mientras la caja o mueble del órgano de claro estilo neoclásico, discreta en decoración y donde predomina el elemento recto en su trazado frente al curvo, fue obra del también artesano local Juan Calero; dicha caja presenta fachadas central y laterales en ángulo, teniendo la central 3 calles, más alta la central, separadas por pilastras estriadas con capiteles corintios, rematándolo t0d0 un frontón triangular y sobre el entablamento ángeles tocando trompetas.
Si conocidos para nosotros son los artífices que ejecutaron tanto la tribuna como la caja del órgano, desconocemos hasta el momento el artesano autor de la parte sonora del instrumento, si bien y por las características de construcción empleadas en la ejecución del instrumento, y a la espera de que algún documento existente en el archivo parroquial nos lo desvele, dicha autoría podría recaer en la figura del organero, artífice entre otros, del muy bien conocido para nosotros órgano del Divino Salvador de Sevilla, D. Juan de Bonn; maltés de nacimiento, apareció en la escena sevillana como miembro del equipo del organero Jorge Bosch, aquel que construiría por aquellos tiempos el órgano del lado de la Epístola de la Catedral sevillana. De ser cierta dicha apreciación, nuestro instrumento debió construirse después de finalizada la obra de la tribuna (1782), y antes del fallecimiento del mencionado organero acaecida en el año 1796.
Por último, decir que nuestro instrumento goza de una talla artística y calidad sonora comparables a la de los mejores órganos existentes en Sevilla, si bien, justo es decirlo, no goza aún del reconocimiento del melómano sevillano, porque sencillamente se le oye muy poco en conciertos y recitales, siendo nuestro deber el de subsanar esta situación. Aparte de esta labor cultural, si tenemos la oportunidad de escucharlo casi todos los domingos del año solemnizando la misa dominical de las 12:00, amén de otros muchos días del año como en la celebración del triduo a San Lorenzo y el triduo a María Santísima del Dulce Nombre.
Miguel Ángel García
Organista titular de la Parroquia de San Lorenzo.
(Publicado en el boletín parroquial Tu Parroquia nº 28 de Julio-Septiembre de 2002).
Procede esta talla del antiguo Convento del Carmen, de donde salió a raíz de la invasión francesa, pasando a continuación a su camarera, quien la donó a la parroquia.
El retablo se debe a Bartolomé de la Puerta, Blas de Castilla Noel y el escultor Jacinto Pimentel y está fechado el 10 de junio de 1630.
Está dividido en tres calles por medio de columnas corintias de fuste estriado, con frontón partido que da paso al ático. En la calle izquierda existen dos pinturas sobre tabla que representan a San Juan Evangelista y San Diego de Alcalá. En la calle derecha están las efigies de San Juan Bautista y San Pedro Mártir.
(Publicado en el boletín parroquial Tu Parroquia nº 24, de fecha Julio-Septiembre de 2001).
Desde los tiempos protocristianos se acostumbró enterrar a los feligreses en el propio templo parroquial o en conventos, capillas o ermitas pertenecientes a la jurisdicción de su parroquia. Era una forma de acreditar que el fiel cristiano seguía unido a su parroquia y a la comunión de sus confeligreses "iusta ad mortem et ultra ad mortem", hasta la muerte y hasta después de la muerte.
Esta costumbre piadosa duró desde la época de las catacumbas hasta el siglo XVIII en que razones de una parte sanitarias y de otra parte políticas, hicieron que se construyeran cementerios fuera de las ciudades. Las razones sanitarias, que la corrupción de los cadáveres podía facilitar el contagio de epidemias. Las razones políticas, que no haciendo los entierros en las iglesias, se conseguía alejar, a una gran parte del pueblo, de los temples, primer paso para la descristianización de la sociedad.
Así, en España, el rey Carlos IV promulgó la primera legislación disponiendo la creación de cementerios extramuros de las ciudades, disposición que no fue acatada pues una oposición mayoritaria de la población impidió su cumplimiento.
La gente no quería enterrarse en el campo, sino en "su" iglesia, en su parroquia, junto a "sus" parientes y vecinos. La parroquia de San Lorenzo, anticipándose a aquella disposición, e incluso a aquella filosofía, había resuelto el problema a su modo, haciendo una "monda" o extracción de restos óseos cuando transcurría cierto número de años, y enterrándolos en la plazuela, al costado de la Iglesia, en lo que se llamara el cementerio-osario, previa ceremonia de bendición del terreno, que de modo simbólico quedaba integrado en la propia parroquia. Tenemos constancia de ello, en el Archivo Histórico Municipal, Sección de Expedientes, Memoriales y Autos de las Escribanías Capitulares 1ª y 2ª en el Siglo XVIII", al tomo 46 de la Escribanía 2ª donde encontramos el Expediente de 1.762 en que el Párroco de San Lorenzo solicita al Ayuntamiento licencia para hacer un cementerio cercado de reja en la plazuela de dicha parroquia.
Este ejemplo fue seguido por otros párroccs. En el año 1803, para iniciar el cumplimiento de la disposición dictada por el rey Carlos IV, el Ayuntamiento de Sevilla dispone la creación de tres cementerios en Sevilla y uno en Triana. Los de Sevilla serán: 1° en la ermita de San Sebastián; 2° en la ermita de la Concepción, y 3° detrás de la fábrica del Salitre. Y en Triana el Cementerio de San José entre el Patrocinio y La Cartuja.
En 1825 el cementerio de San Sebastián había crecido, y se dividía ya en tres tramos, Cementerio de la Ciudad en San Sebastián; Cementerio de los indigentes y forasteros ignorados, en Eritaña; y Cementerio de los Canónigos y sacerdotes, en el Prado.
De les enterramientos en las parroquias ya no se vuelve a hablar. Escasamente se autoriza en algunos casos la excepción y se permite enterrar a algún personaje ilustre en algún templo, pero en tan pocos casos que no puede formarse estadística.
Pasados unos años más fueron desapareciendo en los templos las lápidas de enterramientos que cubrían el suelo. Sería curioso poder ver hoy esa pavimentación escrita que intentaba perpetuar, la historia de toda una vecindad a lo largo de seis siglos, del XIII al XIX.
Pero de todos modos conservamos noticia de algunos enterramientos; por ejemplo, la familia Bucarelli que tuvo entre sus miembros un Virrey de México, y vanos Capitanes Generales y Almirantes. Tuvieron su bóveda familiar al pie de la Virgen de Rocamador.
Ante el altar de la Virgen de Belén está enterrado el célebre pintor Pedro Villegas Marmolejo, autor del cuadro de dicho altar. Resulta emocionante saber que la lápida de su tumba fue puesta por sus dos amigos Arias Montano y M. Pérez. La lápida, en pulcro latín redactada por Montano decía así: DEO VIVENTIUM PETRUS VILLEGAE MARMOLEJO, HISPALEM. PICTORI SOTERTISS. MORIBU INTEGERRIM. SENSU ET SERMONE OPORTUNISSIMO. ANNO LXXXVII. ARIAS MONTANO AMIC. VETER. UNI SOLI EX TESTAMENTO POS. VIATOR PACEM VOVETO M. Pérez ARCHITECTUS AMICITIAE ERGO INCIDED. V CHR N. MDXQVII.
Ante el altar mayor está la bóveda de enterramiento de Doña Mencía de Córdoba, en que se encuentran los restos de su sobrino Don Alonso Álvarez de Córdoba, dignidad de Arcediano de Niebla de la Catedral Hispalense.
En otros lugares del templo se encuentran los panteones familiares de los Jaén, los Fajardo, los Fernández Medina linaje de los Duques de Arcos, y la tumba del célebre personaje don Juan Ramírez de Arellano de Bustamante que fue marino, descubrió islas, se casó cinco veces y tuvo cincuenta y un hijos. A los noventa años dejó de navegar y fue profesor en la Escuela de Náutica. A los noventa y nueve estudió la carrera de sacerdote, y a los ciento cinco se ordenó, quedando en esta parroquia con misa diaria. Murió a los ciento veintiún años de edad, y no de muerte natural sino de un accidente al hundirse el puentecillo o pasarela que cruzaba la calle Jesús del Gran Poder (entonces calle de las Palmas) en tiempo de una inundación. Sabía, además del latín, siete idiomas de indios. Su muerte fue el año 1678.
José María de Mena,
Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia.
(Publicado en el boletín parroquial Tu Parroquia nº 36, de fecha Julio-Septiembre de 2004).
Todos los trimestres, la Parroquia de San Lorenzo publica el boletín Tu Parroquia de 32 páginas con noticias, crónicas, artículos, datos y fotos relativas a nuestra Parroquia y barrio, la Archidiócesis de Sevilla y la Iglesia universal.
Su fundador y principal mantenedor, a quien le debe el boletín su forma y su ser actual, es D. Juan Manuel García-Junco Caballero, párroco actual de San Lorenzo, que con su tesón y perseverancia ha hecho posible que este instrumento para la evangelización haya cumplido ya los 54 números en la calle.
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