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domingo, 8 de marzo de 2009

Retablos cerámicos exteriores

Agradecemos a los amigos de la web www.retabloceramico.net y, en particular, a su administrador Antonio Entrena Aznarte por las facilidades concedidas para la reproducción de textos y fotos de los retablos cerámicos que se encuentran colocados en la fachada de nuestro Templo Parroquial.

Para ver las fotos a un tamaño mayor, sólo hay que hacer clic sobre ellas.


Fachada Principal (Plaza de San Lorenzo)

Ánimas Benditas del Purgatorio

Colocado por la Pontificia y Real Hermandad Sacramental, Nuestra Señora de Roca Amador, Ánimas Benditas, Beato Marcelo Spínola y Primitiva Cofradía de Nazarenos de María Santísima en su Soledad. Sevilla.

Pintor: Antonio Kiernam Flores
Fábrica: Cerámica Santa Ana. Sevilla.

Fecha: Mediados de la década de 1960.
Medidas: 1,05 m. X 1,50 m. (aprox.)

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María Santísima del Dulce Nombre

Colocado por la Pontificia Fervorosa, Ilustre y Antigua Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús ante Anás, Santo Cristo del Mayor Dolor, María Santísima del Dulce Nombre y San Juan Evangelista. Sevilla.

Pintor: Pedro Román Reyes.
Fábrica: Taller particular. Sevilla.

Fecha: 2002. Bendecido el Sábado de Pasión, 23 de marzo.
Medidas: 1,65 m. X 2,85 m. (aprox.)

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Nuestro Padre Jesús del Gran Poder

Colocado por la Pontificia y Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso. Sevilla.

Pintor: Manuel Rodríguez y Pérez de Tudela.
Fábrica: Fábrica Manuel Rodríguez y Pérez de Tudela. Sevilla.
Fecha: 1912

Medidas: 1,20 m. X 1,50 m.

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Fachada lateral (calle Eslava)


María Santísima en su Soledad

Colocado por la Pontificia y Real Hermandad Sacramental, Nuestra Señora de Roca Amador, Ánimas Benditas, Beato Marcelo Spínola y Primitiva Cofradía de Nazarenos de María Santísima en su Soledad. Sevilla.

Pintor: Alfonso Córdoba Romero.
Fábrica: Pedro Navia. Sevilla.
Fecha: 1944
Medidas: 1,12 m. X 1,55 m. (aprox.)

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Fachada Trasera (calle Hernán Cortés)



Beato Marcelo Spínola y Maestre

Pintor: Antonio Muñoz Ruiz.
Fábrica: Cerámica Montalván. Sevilla.
Fecha: Década de los cuarenta del siglo XX.
Medidas: 1,50 m. X 2,25 m. (aprox.)

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miércoles, 4 de marzo de 2009

Artículo: La Virgen de Rocamador en la Iglesia de San Lorenzo


Una de las más bellas advocaciones marianas de Sevilla es la de Nuestra Señora de Rocamador, que se venera en la iglesia parroquial de San Lorenzo.

La devoción a esta advocación se remonta en nuestra ciudad a los primeros tiempos de la Reconquista. Parece que fue traida por algunos caballeros franceses, de los que acompañaban al rey San Fernando, entre quienes estaba muy arraigada esta devoción. Su origen es muy antiguo, pues según una tradición, que puede ser leyenda piadosa pero también puede ser historia verdadera, San Amador fue el criado que cuidó a la Virgen María en su ancianidad, y cuando ella murió y fue asunta a los cielos, el piadoso Amador continuó cuidando ancianos enfermos en Jerusalén.

Pasados unos siglos, los caballeros franceses que habían ido a las Cruzadas con el rey San Luis de Francia, al morir éste en la campaña y retirarse sus tropas, se llevaron a Francia para impedir fueran profanados las reliquias o restos de San Amador, que se depositaron en una ermita situada sobre una roca en el Departamento de Lot. Este santuario se puso bajo la advocación de Nuestra Señora de Roc-Amadour, de donde se deriva el pueblo de Rocamadour y la advocación de la Virgen de Rocamador.

Tras la Reconquista de Sevilla el rey San Fernando o su hijo Alfonso X el Sabio, concedió a los franceses fundar un pequeño hospital y hospicio de ancianos (quizá para veteranos franceses) en Sevilla, cuya capilla fue presidida por la bellísima pintura de gran tamaño, de la Virgen, pintura mural, en que vemos a la Señora ataviada con riquísimos vestidos, de indudable inspiración en los ropajes de ceremonia palatina de las emperatrices de Bizancio. El Niño que lleva en brazos, también ricamente vestido, la está mirando amorosamente. Esta pintura es de indudable origen bizantino, aunque algo modificado por su contacto con los estilos italiano y francés, ya en la época del gótico.

Es muy posible que esta capilla tuviera primitivamente acceso desde la calle, y ello explicaría que, aun estando en la Parroquia, pudiera ser compartida con la capilla de la antigua casa hospital y hospicio de los franceses, que algunos creen fuera el hospital de Santa Bárbara, desaparecido en la Reducción de Hospitales que ordenó el arzobispo D. Rodrigo de Castro a finales del siglo XVI. Dado que es pintura mural no puede pensarse que el muro fuese trasladado con su pintura desde el hospital a la Parroquia, pero sí que la capilla fuese compartida entre ambos edificios. La capilla de la Virgen de Rocamador tuvo cerramiento con rejas de hierro hasta el siglo XIX y en ella tenían su bóveda de enterramiento los Bucarelli, nobilísima familia de origen italiano, pero enraizados en Sevilla durante varias generaciones, familia que dio ilustres personajes a la historia de España, entre ellos un virrey de la Nueva España, al que todavía se recuerda con estatuas públicas en México, y otros familiares que fueron generales, almirantes, y hasta un familiar tenido por santo aunque no canonizado, pero que dedicó su vida a la piedad y a la caridad.

Estos Bucarellí contruyeron su palacio en la calle Santa Clara, que por eso se llamó un tiempo calle de los Generales. El palacio pasó luego a la familia Queralt, Condes de Santa Coloma, que aún hoy lo poseen, aunque una parte del grandioso edificio está dedicado a colegio de enseñanza secundaria y bachillerato, con el título de colegio Julio César, uno de los mejores centros de enseñanza de andalucía.

La devoción a la Virgen de Rocamador, traida por los caballeros franceses, y por el rey Alfonso X el Sabio, pronto se fundió con la religiosidad propia de Sevilla, y con la devoción a la Virgen del Rosario y a su hermandad de esta parroquia. Pero aún más, desde aquí, en los tiempos del descubrimiento del Nuevo Mundo, y de la hispanización de aquellos países, fue una de las devociones que se transplantaron a América desde Sevilla, y en muchos puntos de México, Colombia y Perú se encuentran reproducciones de esta imagen que, ya en los siglos de los virreinatos españoles en aquellos paises, se identificó esta devoción con la continuidad de la milicia y la nobleza, sentido muy distinto del que la devoción de Rocamador toma en Navarra, Castilla, León y Galicia, donde se identifica como devoción propia de los peregrinos que iban desde Europa a Compostela.

Volvemos sobre el tema del hospital. La excelente historiadora del arte Dña. Teresa Laguna Paúl, en su magnífico trabajo titulado "Notas de pintura gótica sevillana", publicado por el Laboratorio de Arte de la Universidad Hispalense, señala acertadamente que el Hospital de Santa Bárbara no puede ser el de Rocamador, ya que estaba situado, según consta en documentos, en la calle Baños, collación de San Vicente.

Hemos buscado en el documento fundamental de la "Reducción de Hospitales", que encontrado y publicado por D. Francisco Collantes de Terán en 1884, fue expedido por el Cardenal Arzobispo D. Rodrigo de Castro en 1590, en el que figura la relación de los 72 hospitales que había en Sevilla y que fueron reducidos a dos, el del Amor de Dios y el del Espíritu Santo (quedando fuera de esto, respetándose su independencia, el de las Cincia, el de las Cinco Llagas, el de los militares y algún otro de jurisdicción exenta). Pues bien, en esa relación queda bien claro que el de Santa Bárbara (cuyo nombre completo era Santa Bárbara y San Matías), estaba en la calle que va desde las casas viejas del Duque de Medina, al Monasterio de las Recogidas del nombre de Jesús, es decir, en la actual calle Jesús esquina a Baños, donde hoy está la capilla de la Vera-Cruz.

Este hospital pasó a integrarse en el del Espíritu Santo. Pero, en cambio, en la Plaza de San Lorenzo consta (hospital número 31 de la lista) el Hospital de San Onofre, que pasó a integrarse en el Hospital del Amor de Dios.

Si tenemos en cuenta que en 1590 la puerta principal del templo daba a la calle Eslava, conservándose aún visible su arco ojival, tapiado, y que la puerta, hoy principal, a la plaza de San Lorenzo fue construida después de 1625, diseñada por el arquitecto y escultor Diego López Bueno, encontramos que la fachada que da a esa plaza en el año 1590 no tenía portada, y muy posiblemente, el hospital de San Onofre estaría adosado a su muro, lo que permitiría su comunicación con el interior del templo parroquial. Es la única explicación verosímil, para que la Virgen de Rocamador, perteneciese al Hospital y desparecido éste, permaneciera en la parroquia sin tener que mover el muro en que está pintada.

El nombre de Hospital de San Onofre debió ser tomado en la época gremial después de la Ordenanza de los Menestrales del rey D. Pedro por razón gremial, sustituyendo al nombre primitivo de Hospital de Nuestra Señora de Rocamador, que tendría en principio desde su fundación en tiempos de Alfonso X el Sabio, quizás porque en la época de D. Pedro sería ya políticamente incorrecto un hospital para franceses. En todo caso y con esto terminamos, el analista D. Diego Ortiz de Zúñiga en sus Anales Eclesiásticos y seculares de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Sevilla, en el Libro I, y en el epígrafe era 1291 año 1253, apartado núm. 6, título Religiones y Monasterios, dice taxativamente al referirse a Nuestra Señora de Rocamador: "hubo en Castilla desde estas Ermitas y Hospitales que consta de muchos Privilegios Reales. Tal fue una Ermita y Hospital en Sevilla, junto a la Iglesia Parroquial de San Lorenzo".

No dice en la plaza sino junto a la iglesia parroquial. Y así queda zanjada la cuestión. Magister dixit, punto redondo.

José María de Mena
Académico correspondiente de la Academia de la Historia

(Publicado en el boletín parroquial Tu Parroquia nº 31, de Julio-Septiembre de 2003).

Artículo: Iconografía de San Lorenzo en la Catedral de Sevilla

No es nuestro Templo Mayor, un templo que se caracterice por la masiva presencia de la iconografía de San Lorenzo Mártir. Esta escasez está motivada por dos hechos bien diferenciados.

El primero es que al no ser este Santo titular de ninguna orden religiosa, era más complicado que fuese escogido por alguna de ellas para presidir alguna de las capillas, obtenidas en régimen de patronazgo, las cuales normalmente eran dedicadas a Santos titulares de cada orden. En este caso destacan las capillas dedicadas a San Francisco de Asís y San Antonio de Padua (Orden Franciscana), Santo Domingo (Dominicos), San Pedro Nolasco (Orden de la Merced), San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier (Jesuitas) o Santa Teresa de Jesús (Carmelitas).

La otra posibilidad podría ser que presidiese algunas de las capillas de nuestro Templo Mayor, pero hemos de recordar que eran los propios propietarios o beneficiarios los encargados de su decoración, siendo constante la presencia de Santos y devociones "sevillanas" como San Fernando, Santas Justa y Rufina, San Isidoro, San Leandro, la Virgen de la Antigua o la de los Reyes. Esta hagiografía se completaba normalmente con Santos de la devoción particular de cada familia, gremio, etc.

En esta tesitura resulta curioso el caso del Retablo Mayor catedralicio, cuyas escenas o paisajes fueron contratados expresamente por el Cabildo Catedral con los artistas a partir de una composición plenamente establecida, dejándose libertad absoluta a los mismos para disponer en las jambas y enjutas que enmarcan cada una de ellas de aquellas representaciones hagiográficas o Santos que gustasen. En muchos casos fueron colocados algunos Santos de difícil relación con Sevilla, que por otra parte nunca habrían llegado hasta nuestra ciudad de no haber sido por la devoción que le profesaba un determinado artista. Destaca, por su rareza, la presencia del patrón del gremio de queseros en un cantón de Suiza.

Debemos recordar que la Parroquia de San Lorenzo fue una de las nuevas parroquias creadas, a raíz de la reconquista, por San Fernando en la nueva disposición administrativa de la ciudad. Advocaciones como San Lorenzo, Santa Marina, San Román.... fueron aportadas a Sevilla por habitantes de otras regiones de España que acompañaron al Santo y Rey en la repoblación de estos nuevos "barrios". Aún así, en uno de los relieves, situados en el "banco" del Retablo Mayor, que representan visiones de la ciudad en aquella época se recoge, en un medio relieve, lo que podía ser la Parroquia de San Lorenzo.

Sin embargo aunque, como antes hemos reseñado, no es mucha la presencia de la iconografía de San Lorenzo, encontramos algunas representaciones muy curiosas y de gran calidad.

Comenzando por la escultura, la única representación de "San Lorenzo" la encontramos decorando una de las jambas laterales de la Portada principal de la Catedral, la de la Asunción. Esta portada, una de las últimas realizadas del edificio, está decorada con esculturas de cemento y pátina de polvo de mármol (piedra artificial), obra del escultor Ricardo Bellver y fechable en torno a 1.885-98(1).

Continuando por la pintura, el primer referente a San Lorenzo podemos encontrarlo en el cuadro "La Gloria", obra del pintor y clérigo Fray Juan de las Roelas, en torno al primer cuarto del s. XVII, situado en la Sacristía de los Cálices(2).

En este lienzo, de grandes dimensiones, se representa una variante del Juicio Final rodeado de Santos. En él se aprecia un personaje que abraza una especie de parrilla que habría que interpretar como el "símbolo parlante"de San Lorenzo(3).

Otra representación pictórica de San Lorenzo lo encontramos en el ático del retablo de la Capilla de Santiago dónde se exhibe el lienzo "El martirio de San Lorenzo" realizado en 1.665 por Valdés Leal. En primer término aparece el Santo, revestido de las ropas propias de su condición de diácono, elevando su mirada al cielo en actitud clamatoria. Junto a él, la parrilla, símbolo de su martirio, junto con dos figuras de pequeños ángeles que sostienen una palma, representación de su condición de mártir, mientras un tercero lo corona con una corona de laurel, que simboliza su victoria gloriosa sobre la muerte. En un plano posterior y a menor escala se plasma su martirio(4).

Esta misma representación temática la encontramos en un cuadro conservado en el lateral de la Sacristía Mayor de la Catedral, realizado en torno a 1.655 por Lucas Jordán, y achacable a su primera etapa o etapa juvenil. En él aparece San Lorenzo, también en actitud clamatoria, sentado sobre las parrillas, mientras dos esbirros avivan las brasas. Se completa la escena con la presencia de un angelito que parece querer confortar al Santo, todo ello plasmado sobre el paisaje de una ciudad en ruinas(5).

La última de las representaciones pictóricas, por cierto todas realizadas al óleo obre lienzo, corresponde a la obra de pequeñas dimensiones y no muy buena calidad, "San Lorenzo", conservada en la Mayordomía de la Catedral y realizada por el pintor José María Arango en 1.826, el cual cuenta entre sus méritos haber sido amigo íntimo de Francisco de Goya, al que alojó en su casa durante sus dos estancias en Sevilla. Este cuadrito intenta copiar el estilo de Rafael Mengs sin alcanzarlo(6).

La penúltima representación de San Lorenzo la encontramos en una vidriera, situada en el crucero, lado del Evangelio, formando parte de un cuarteto que se completa con San Leonardo, San Esteban y San Vicente. Esta vidriera, también conocida como la de los mártires, fue realizada entre 1.548-49 por Arnao de Flandes y mide 7´10x3´25m.(7).

Culminan estas representaciones de San Lorenzo con la presencia de este Santo en uno de los "orfres" de capas pluviales con imaginería, entiéndase con cenefas de Santos bordados. En la capa en cuestión, fechable en torno al s. XVI y en estilo renaciente, aparece San Lorenzo revestido de diácono con la parrilla, símbolo de su martirio(8).

Como dato curioso reseñar que, pese a que no es muy numerosa la presencia de San Lorenzo, en la Capilla de la Virgen de los Dolores está situado el sepulcro del Beato Marcelo Spínola, que fue Cardenal y Arzobispo de Sevilla y Párroco de San Lorenzo. Este sepulcro fue realizado entre 1.912-14 por el escultor sevillano Joaquín Bilbao(9), tío del actual mayordomo de la Hdad. de la Bofetá.

Rafael de Jesús Ríos Delgado
Estudiante de H.ª del Arte
Universidad de Sevilla

Notas

(1) Hernández Díaz, J. "Retablos y esculturas". La Catedral de Sevilla. Pág. 311; ed. Guadalquivir; Sevilla; 1.984.
(2) Valdivieso, E. "La pintura en la Catedral de Sevilla. Siglos XVII al XX". La Catedral de Sevilla. Pág. 414; ed. Guadalquivir; Sevilla; 1.984.
(3) Ibídem. Pág. 414
(4) Ibídem. Pág 431 y 447.
(5) Ibídem. Pág.455 y 457.
(6) Ibídem. Pág 467.
(7) Nieto Alcaide, V. "Las vidrieras de la Catedral". La Catedral de Sevilla. Pág. 495,496 y 497; ed. Guadalquivir; Sevilla;1.984.
(8) González Mena. M.ª A. "Ornamentos sagrados". La Catedral de Sevilla. Pág 666 y 667; ed. Guadalquivir; Sevilla; 1.984.
(9) Hernández Díaz, J. "Retablos y esculturas". La Catedral de Sevilla. Pág. 313; ed. Guadalquivir; Sevilla; 1.984.

domingo, 1 de marzo de 2009

Artículo: Conservación del patrimonio (2001). El Cristo del Amparo

Informe técnico sobre proyecto de restauración del retablo situado en la nave lateral derecha, de la parroquia de San Lorenzo Mártir, de estilo barroco, en el que recibe culto el Santísimo Cristo del Amparo, obra de Dionisio de Ribas, del siglo XVII, que está realizado en maderas de pino y cedro.

Síntesis del contenido:

Tema: Retablo.
Motivo: Santísimo Cristo para el culto.
Medidas: 8 metros de altura.
Autor: F. Barahona (1682).
Ubicación: parroquia de San Lorenzo Mártir, Sevilla.
Estilo: barroco.
Restaurador: José Antonio Sanmartín Ledesma.

Estado de conservación:

- Presenta gran cantidad de fragmentos desaparecidos a lo largo de toda la superficie.
- Numerosas piezas sueltas con riesgo de desprendimiento y pérdida.
- Los movimientos de la madera han producido la apertura de rendijas.
- Muestra numerosos clavos visibles, ya que se han utilizado como remedio para sujetar algunas piezas.
- Ataques de insectos xilófagos en zonas independientes de la estructura.
- Pérdida generalizada del dorado.
- Policromía con suciedad.

Proceso de restauración:

1º.- Desmontar las piezas sueltas para su nuevo reajuste.
2º.- Tratamiento de la carcoma.
3º.- Consolidación de la estructura.
4º.- Limpieza y desengrase de toda la superficie.
5º.- Reintegración de las partes desparecidas.
6º.- Fijación del dorado.
7º.- Nuevo dorado de las partes reintegradas con oro fino en todo su conjunto.

El tiempo de duración de los trabajos de restauración será, aproximadamente, de tres meses siendo supervisados por el profesor D. José Pérez Conde, licenciado por la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, en Imaginería y Restauración.

El profesor Afredo J. Morales, describe el retablo y la imagen del Cristo en su trabajo "La Iglesia de San Lorenzo de Sevilla", Sevilla, 1981, de la siguiente manera:

Junto a la puerta que accede a la sacristía, en la cabecera de la nave lateral izquierda, se halla el altar del Cristo del Amparo. Su arquitectura es obra de Fernando de Barahona, quien concertó su hechura el 29 de octubre de 1682 con Diego Rodríguez Orihuela, cura párroco de la iglesia.

Presenta un cuerpo único apoyado sobre banco, se flanquea por dos columnas corintias de fuste finamente decorado y se remata con un medallón, en medio relieve, que representa la Oración en el Huerto. La imagen del Crucificado, propiedad de la parroquia cuando se firmó el contrato del nuevo retablo, fue recompuesta por Barahona, quien también hizo una nueva cruz para la misma. La escultura, que hasta la fecha mencionada se hallaba en la capilla mayor, se atribuye a Francisco Dionisio de Ribas y se fecha en la segunda mitad del siglo XVII. No existen, sin embargo, datos suficientes para afirmar que formó parte del retablo mayor, como se ha repetido en varias ocasiones, ya que sus dimensiones la hacen inadecuada para ir colocada a cierta altura.

La estructura del retablo demuestra claramente que el autor seguía los modelos fijados por Bernardo Simón de Pineda unos años antes. Corresponden al estilo peculiar de este autor el modo de articular los elementos arquitectónicos, el tipo de remates y los modelos arquitectónicos empleados.

(Publicado en el boletín parroquial Tu Parroquia nº 23, de Abril-Junio de 2001.)

Artículo: Patrimonio sonoro


Como el templo que lo cobija, el órgano de tubos de la iglesia parroquial de San Lorenzo de Sevilla constituye una obra importante dentro del rico acervo artístico que encierra nuestra parroquia, en muchos y notables aspectos; entre éstos, y no precisamente de los menos significativos, está el de ser un magnífico y sonoro exponente de la ya larga tradición musical de nuestra parroquia, verdadero patrimonio sonoro. Un legado cultural, artístico y religioso así, que nuestros antepasados han ido custodiando así, y conservando con tanto amor, dificultad y esfuerzo, no sólo tenemos el derecho y deber de conservarlo y protegerlo con delicado y constante esmero, sino acrecentarlo en la medida de nuestras posibilidades.

Entre los instrumentos musicales, ninguno es tan preciado y valorado en el templo como el órgano, pues este complejo artificio de técnica, sonido e interpretación musical llena de majestuosa solemnidad el espacio religioso, eleva el alma a Dios y presta belleza y dignidad a las funciones litúrgicas; las obras de arte musicales, espléndido tesoro y caudal de los mejores sentimientos estéticos, ejecutados en este instrumento, no pueden ser menos que unas verdaderas catequesis sonoras que nos conducirán necesariamente a una nueva dimensión de espiritualidad y goce estético.

Los órganos de tubos o tubulares, sobre todo si éstos son históricos, como es el caso que nos atañe, forman parte indiscutible del patrimonio artístico de la parroquia, localidad, provincia, comunidad o país; además, son casi siempre testigos seguros de los acontecimientos históricos de la comunidad donde éstos se integran. Requisitos indispensables para la conservación, cuidado y promoción han de ser necesariamente el conocimiento de su existencia, tener conciencia de sus valores y funciones tanto cultuales como culturales, así como una mayor consideración y estima hacia ellos.

La progresiva depauperación y falta de recursos económicos de la Iglesia para hacer frente al mantenimiento y conservación de su propio instrumental músico, en especial el de los órganos, ha ocasionado que, por ejemplo, en el transcurso de los últimos 60 ó 70 años, la comunidad autónoma andaluza, de tan larga y fecunda tradición organística, se haya convertido organísticamente hablendo, en un inhóspito cementerio de órganos, o en su defecto, y en la mayoría de los casos, en un colectivo de enfermos muy malheridos o en fase terminal. De los más de 400 órganos tubulares que en la actualidad se pueden inventariar en nuestra comunidad andaluza -de los más de 600 existentes otrora-, dos terceras partes de este número corresponden a instrumentos de los clasificados históricos. Pues bien, con estos datos sobre la mesa de trabajo, y sin temor a equivocarme, se puede decir que tan solo 90 ó 100 de estos instrumentos se mantienen en activo en toda Andalucía, unos en perfecto estado de conservación, y otros con más o menos achaques, fruto de la cada vez más esporádica presencia de la figura del organero conservador.

Por fortuna, nuestro excelso instrumento se escapa de ese largo listado de instrumentos malheridos o en fase terminal, todo ello gracias a las bien llevadas labores de restauración realizadas por el organero madrileño D. Luis del Val Macho que, entre otras consideraciones, c0nsiguió devolver a nuestro instrumento su primitivo esplendor y magnificencia sonora. Corría el año 1980, siendo párroco D. Rafael Pabón a quien, desde estas breves líneas y a título póstumo, debemos agradecer su tesón y pundonor para conseguir los medios económicos necesarios para poder emprender los ya mencionados trabajos de restauración y puesta a punto del instrumento parroquial.

Instrumento importante y bien construído, este venerable instrumento posee gran variedad de recursos y posibilidades a disposición del organista más exigente, y en perfecta consonancia con la finalidad a la que fue destinado y con el templo que lo acoge.

Ubicado en una tribuna alta a los pies de la nave central y frente al altar mayor, domina desde esta privilegiada posición la totalidad del espacio parroquial; la tribuna de madera policromada con decoración rocalla, se comenzó a hacer en abril del año 1782 y fue ejecutada por el artesano local Isidro Ruiz y Rey, mientras la caja o mueble del órgano de claro estilo neoclásico, discreta en decoración y donde predomina el elemento recto en su trazado frente al curvo, fue obra del también artesano local Juan Calero; dicha caja presenta fachadas central y laterales en ángulo, teniendo la central 3 calles, más alta la central, separadas por pilastras estriadas con capiteles corintios, rematándolo t0d0 un frontón triangular y sobre el entablamento ángeles tocando trompetas.

Si conocidos para nosotros son los artífices que ejecutaron tanto la tribuna como la caja del órgano, desconocemos hasta el momento el artesano autor de la parte sonora del instrumento, si bien y por las características de construcción empleadas en la ejecución del instrumento, y a la espera de que algún documento existente en el archivo parroquial nos lo desvele, dicha autoría podría recaer en la figura del organero, artífice entre otros, del muy bien conocido para nosotros órgano del Divino Salvador de Sevilla, D. Juan de Bonn; maltés de nacimiento, apareció en la escena sevillana como miembro del equipo del organero Jorge Bosch, aquel que construiría por aquellos tiempos el órgano del lado de la Epístola de la Catedral sevillana. De ser cierta dicha apreciación, nuestro instrumento debió construirse después de finalizada la obra de la tribuna (1782), y antes del fallecimiento del mencionado organero acaecida en el año 1796.

Por último, decir que nuestro instrumento goza de una talla artística y calidad sonora comparables a la de los mejores órganos existentes en Sevilla, si bien, justo es decirlo, no goza aún del reconocimiento del melómano sevillano, porque sencillamente se le oye muy poco en conciertos y recitales, siendo nuestro deber el de subsanar esta situación. Aparte de esta labor cultural, si tenemos la oportunidad de escucharlo casi todos los domingos del año solemnizando la misa dominical de las 12:00, amén de otros muchos días del año como en la celebración del triduo a San Lorenzo y el triduo a María Santísima del Dulce Nombre.

Miguel Ángel García
Organista titular de la Parroquia de San Lorenzo.

(Publicado en el boletín parroquial Tu Parroquia nº 28 de Julio-Septiembre de 2002).

sábado, 28 de febrero de 2009

Artículo: Virgen del Carmen

Procede esta talla del antiguo Convento del Carmen, de donde salió a raíz de la invasión francesa, pasando a continuación a su camarera, quien la donó a la parroquia.

El retablo se debe a Bartolomé de la Puerta, Blas de Castilla Noel y el escultor Jacinto Pimentel y está fechado el 10 de junio de 1630.

Está dividido en tres calles por medio de columnas corintias de fuste estriado, con frontón partido que da paso al ático. En la calle izquierda existen dos pinturas sobre tabla que representan a San Juan Evangelista y San Diego de Alcalá. En la calle derecha están las efigies de San Juan Bautista y San Pedro Mártir.

(Publicado en el boletín parroquial Tu Parroquia nº 24, de fecha Julio-Septiembre de 2001).

sábado, 21 de febrero de 2009

Bibliografía histórico-artística

Iremos incoporando en este apartado referencias bibliográficas de publicaciones relacionadas con nuestra Parroquia de San Lorenzo Mártir:

- GARCÍA-JUNCO CABALLERO, Juan Manuel, Inventario, Historia y Arte de la Iglesia Parroquial de San Lorenzo de Sevilla, Sevilla, 2004.

- ARANA DE VARFLORA, Fermín, Compendio Histórico Descriptivo de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Sevilla, Sevilla, 1790, p. 3 y 76 (San Juan de Acre), p. 23 (Hospitales de la collación que se redujeron en 1587), p. 32, p. 73 (Ermita de Nuestra Señora de la Estrella), apendix-p. 13 (Rocamador).

- ORTIZ DE ZÚÑIGA, Diego, Anales eclesiásticos y seculares de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Sevilla, Tomo V, Madrid, 1796, p. 467 (Ermita de la Virgen de la Estrella).

- GESTOSO Y PÉREZ, José, Sevilla monumental y artística, Tomo I, Sevilla, 1889, pp. 239-247.

- MORALES PADRÓN, Francisco, Los archivos parroquiales de Sevilla, Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 1982.

- MÁRQUEZ DE CASTRO, Manuel , Sevilla, tres estudios históricos. La jurisdicción de San Juan de Acre, el Patín de las Damas y la casa Rosa, Sociedad sevillana de médicos escritores Nicolás Monardes.

- MONTOTO, Santiago, Parroquias de Sevilla, Sevilla, 1981, pp. 46-49.

- MONTOTO, Santiago, Nueva guía de Sevilla, Madrid, p. 125.

- PASTOR TORRES, Álvaro, "La Hermandad Sacramental de San Juan de Acre" en II Simposio de Hermandades de Sevilla y su provincia, Sevilla, 2001.

- PASTOR TORRES, Álvaro, "El libro de protocolos y rentas de la Hermandad Sacramental de la Parroquia sevillana de San Lorenzo: análisis artístico y económico", separata de la obra Religiosidad y ceremonias en torno a la Eucaristía, Actas del Simposium (I), San Lorenzo del Escorial, 1/4-Sep-2003.

- PASTOR TORRES, Álvaro, "Nuestra Señora de Roca Amador: una devoción francesa en la Sevilla moderna", separata de la obra Religiosidad popular en España, Actas del Simposium (I), San Lorenzo del Escorial, 1/4-Sep-1997.

Bibliografía relacionada con las hermandades residentes en el Templo Parroquial:

- CAÑIZARES JAPÓN, Ramón, "La Hermandad de la Soledad. Devoción, nobleza e identidad en Sevilla (1549-2006)", Ed. Almuzara, Sevilla, 2006.

sábado, 14 de febrero de 2009

Artículo: Iglesia de San Lorenzo (en Sevillapedia)

Arquitectónicamente constituye un templo de estilo gótico-mudéjar. Sería fundado durante el siglo XIII, aunque sus restos más antiguos datan del XIV; posteriormente sería remodelado en los siglos XVIII y XIX.

En su época inicial el templo contaba con las
tres naves habituales de las iglesias de la época. No obstante, las importantes reformas y ampliaciones a que fue sometida a lo largo del tiempo han dado como consecuencia transformaciones interiores y exteriores de gran entidad, entre las que destacan su ampliación a lo ancho en dos nuevas naves laterales más hasta llegar ahora al número de cinco, y la creación de una importante serie de capillas, dando todo ello lugar a un templo de planta irregular.

Se trata por tanto de un templo de un total de
cinco naves, separadas por pilares cuadrangulares que sostienen arcos apuntados sobre los que apoyan las cubiertas, en forma de artesa con tirantas en la nave central y de colgadizo en las laterales; con Capilla Mayor cuadrada y coro a los pies. Presenta bóveda de media naranja sobre pechinas sobre el presbiterio y sillería del coro barroca del siglo XVIII, obra de Juan Leonardo.

El
Retablo Mayor está compuesto por banco, dos cuerpos y ático y estructuralmente fue iniciado por Martínez Montañés en 1632, y acabado posteriormente por los hermanos Francisco y Felipe de Rivas en 1652, donde figuran imágenes de su titular, San Lorenzo.

El
Sagrario es obra de Diego López Bueno de 1625 y cuenta en el primer cuerpo con pinturas de Francisco Pacheco. A ambos lados del retablo mayor se encuentran pinturas realizadas por Juan de Uceda y Francisco Pimentel.

Exteriormente se aprecia el proceso evolutivo del templo, ya que la iglesia presenta elementos arquitectónicos de muy distinta cronología y estilos. Así por ejemplo el
cuerpo principal de la torre, organizada como torre-fachada y visible desde todos los ángulos, de planta rectangular y situada a los pies del templo, conserva el estilo mudéjar de su primera época, aunque muestra como remate un cuerpo de campanas añadido posterior de 1757; mientras que las dos portadas laterales pertenecientes a las últimas naves añadidas muestran las líneas barrocas del momento de su creación, hacia el año 1625, según diseño del arquitecto Diego López Bueno; la situada frente a la plaza presidida por una imagen del santo titular, San Lorenzo.

Actualmente esta iglesia es la sede de las Hermandades de
El Dulce Nombre y de La Soledad, alojadas en capillas situadas a los pies del templo.

La
Capilla del Dulce Nombre, de planta rectangular, está cubierta por un artesonado de casetones y decorada por un zócalo de azulejos de 1895. Esta capilla es la misma que estuvo anteriormente ocupada por la Hermandad del Gran Poder y hasta el año 1965, cuando ésta pasa a su Basílica propia, situada junto a la iglesia.

La
Capilla de la Soledad se encuentra en la nave del Evangelio. Es de planta cuadrada y se cubre con bóveda octogonal sobre trompas en los ángulos. La hermandad se estableció en esta iglesia en 1868 y vino a ocupar la capilla de la Divina Pastora, ya ampliada en 1738. Su retablo, muy sencillo, debió realizarse hacia 1732 cuando Francisco Sánchez, canónigo de Lima, dona la imagen de la Soledad a esta parroquia.

El retablo de la
Virgen de Roca-amador está situado a los pies del templo, formado por un único cuerpo. Se inició en 1750 y fue dedicado a contener la pintura mural de la Virgen con el niño.

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