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miércoles, 4 de marzo de 2009

Artículo: Iconografía de San Lorenzo en la Catedral de Sevilla

No es nuestro Templo Mayor, un templo que se caracterice por la masiva presencia de la iconografía de San Lorenzo Mártir. Esta escasez está motivada por dos hechos bien diferenciados.

El primero es que al no ser este Santo titular de ninguna orden religiosa, era más complicado que fuese escogido por alguna de ellas para presidir alguna de las capillas, obtenidas en régimen de patronazgo, las cuales normalmente eran dedicadas a Santos titulares de cada orden. En este caso destacan las capillas dedicadas a San Francisco de Asís y San Antonio de Padua (Orden Franciscana), Santo Domingo (Dominicos), San Pedro Nolasco (Orden de la Merced), San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier (Jesuitas) o Santa Teresa de Jesús (Carmelitas).

La otra posibilidad podría ser que presidiese algunas de las capillas de nuestro Templo Mayor, pero hemos de recordar que eran los propios propietarios o beneficiarios los encargados de su decoración, siendo constante la presencia de Santos y devociones "sevillanas" como San Fernando, Santas Justa y Rufina, San Isidoro, San Leandro, la Virgen de la Antigua o la de los Reyes. Esta hagiografía se completaba normalmente con Santos de la devoción particular de cada familia, gremio, etc.

En esta tesitura resulta curioso el caso del Retablo Mayor catedralicio, cuyas escenas o paisajes fueron contratados expresamente por el Cabildo Catedral con los artistas a partir de una composición plenamente establecida, dejándose libertad absoluta a los mismos para disponer en las jambas y enjutas que enmarcan cada una de ellas de aquellas representaciones hagiográficas o Santos que gustasen. En muchos casos fueron colocados algunos Santos de difícil relación con Sevilla, que por otra parte nunca habrían llegado hasta nuestra ciudad de no haber sido por la devoción que le profesaba un determinado artista. Destaca, por su rareza, la presencia del patrón del gremio de queseros en un cantón de Suiza.

Debemos recordar que la Parroquia de San Lorenzo fue una de las nuevas parroquias creadas, a raíz de la reconquista, por San Fernando en la nueva disposición administrativa de la ciudad. Advocaciones como San Lorenzo, Santa Marina, San Román.... fueron aportadas a Sevilla por habitantes de otras regiones de España que acompañaron al Santo y Rey en la repoblación de estos nuevos "barrios". Aún así, en uno de los relieves, situados en el "banco" del Retablo Mayor, que representan visiones de la ciudad en aquella época se recoge, en un medio relieve, lo que podía ser la Parroquia de San Lorenzo.

Sin embargo aunque, como antes hemos reseñado, no es mucha la presencia de la iconografía de San Lorenzo, encontramos algunas representaciones muy curiosas y de gran calidad.

Comenzando por la escultura, la única representación de "San Lorenzo" la encontramos decorando una de las jambas laterales de la Portada principal de la Catedral, la de la Asunción. Esta portada, una de las últimas realizadas del edificio, está decorada con esculturas de cemento y pátina de polvo de mármol (piedra artificial), obra del escultor Ricardo Bellver y fechable en torno a 1.885-98(1).

Continuando por la pintura, el primer referente a San Lorenzo podemos encontrarlo en el cuadro "La Gloria", obra del pintor y clérigo Fray Juan de las Roelas, en torno al primer cuarto del s. XVII, situado en la Sacristía de los Cálices(2).

En este lienzo, de grandes dimensiones, se representa una variante del Juicio Final rodeado de Santos. En él se aprecia un personaje que abraza una especie de parrilla que habría que interpretar como el "símbolo parlante"de San Lorenzo(3).

Otra representación pictórica de San Lorenzo lo encontramos en el ático del retablo de la Capilla de Santiago dónde se exhibe el lienzo "El martirio de San Lorenzo" realizado en 1.665 por Valdés Leal. En primer término aparece el Santo, revestido de las ropas propias de su condición de diácono, elevando su mirada al cielo en actitud clamatoria. Junto a él, la parrilla, símbolo de su martirio, junto con dos figuras de pequeños ángeles que sostienen una palma, representación de su condición de mártir, mientras un tercero lo corona con una corona de laurel, que simboliza su victoria gloriosa sobre la muerte. En un plano posterior y a menor escala se plasma su martirio(4).

Esta misma representación temática la encontramos en un cuadro conservado en el lateral de la Sacristía Mayor de la Catedral, realizado en torno a 1.655 por Lucas Jordán, y achacable a su primera etapa o etapa juvenil. En él aparece San Lorenzo, también en actitud clamatoria, sentado sobre las parrillas, mientras dos esbirros avivan las brasas. Se completa la escena con la presencia de un angelito que parece querer confortar al Santo, todo ello plasmado sobre el paisaje de una ciudad en ruinas(5).

La última de las representaciones pictóricas, por cierto todas realizadas al óleo obre lienzo, corresponde a la obra de pequeñas dimensiones y no muy buena calidad, "San Lorenzo", conservada en la Mayordomía de la Catedral y realizada por el pintor José María Arango en 1.826, el cual cuenta entre sus méritos haber sido amigo íntimo de Francisco de Goya, al que alojó en su casa durante sus dos estancias en Sevilla. Este cuadrito intenta copiar el estilo de Rafael Mengs sin alcanzarlo(6).

La penúltima representación de San Lorenzo la encontramos en una vidriera, situada en el crucero, lado del Evangelio, formando parte de un cuarteto que se completa con San Leonardo, San Esteban y San Vicente. Esta vidriera, también conocida como la de los mártires, fue realizada entre 1.548-49 por Arnao de Flandes y mide 7´10x3´25m.(7).

Culminan estas representaciones de San Lorenzo con la presencia de este Santo en uno de los "orfres" de capas pluviales con imaginería, entiéndase con cenefas de Santos bordados. En la capa en cuestión, fechable en torno al s. XVI y en estilo renaciente, aparece San Lorenzo revestido de diácono con la parrilla, símbolo de su martirio(8).

Como dato curioso reseñar que, pese a que no es muy numerosa la presencia de San Lorenzo, en la Capilla de la Virgen de los Dolores está situado el sepulcro del Beato Marcelo Spínola, que fue Cardenal y Arzobispo de Sevilla y Párroco de San Lorenzo. Este sepulcro fue realizado entre 1.912-14 por el escultor sevillano Joaquín Bilbao(9), tío del actual mayordomo de la Hdad. de la Bofetá.

Rafael de Jesús Ríos Delgado
Estudiante de H.ª del Arte
Universidad de Sevilla

Notas

(1) Hernández Díaz, J. "Retablos y esculturas". La Catedral de Sevilla. Pág. 311; ed. Guadalquivir; Sevilla; 1.984.
(2) Valdivieso, E. "La pintura en la Catedral de Sevilla. Siglos XVII al XX". La Catedral de Sevilla. Pág. 414; ed. Guadalquivir; Sevilla; 1.984.
(3) Ibídem. Pág. 414
(4) Ibídem. Pág 431 y 447.
(5) Ibídem. Pág.455 y 457.
(6) Ibídem. Pág 467.
(7) Nieto Alcaide, V. "Las vidrieras de la Catedral". La Catedral de Sevilla. Pág. 495,496 y 497; ed. Guadalquivir; Sevilla;1.984.
(8) González Mena. M.ª A. "Ornamentos sagrados". La Catedral de Sevilla. Pág 666 y 667; ed. Guadalquivir; Sevilla; 1.984.
(9) Hernández Díaz, J. "Retablos y esculturas". La Catedral de Sevilla. Pág. 313; ed. Guadalquivir; Sevilla; 1.984.

lunes, 2 de marzo de 2009

Nuevos datos sobre el Santo Cáliz de Valencia

El investigador italiano Alfredo Barbagallo acaba de publicar en internet un estudio sobre los restos arqueológicos de la Basílica de San Lorenzo extramuros de Roma. En un estudio de más de tres años de duración ha podido corroborar la previsible autenticidad del Santo Cáliz, si bien él propone la tesis de que no se debería a San Lorenzo su llegada a España en el s. III sino a San Gregorio Magno en el s. VI.

Según él, el Santo Cáliz pudo proceder de Santo Tomás que lo hubiera conservado en su predicación por la India, junto con las reliquias que aparecieron en dichas excavaciones que tienen la misma procedencia.

Como todos sabemos, el Santo Cáliz de Valencia se incluye tradicionalmente entre los tesoros que San Lorenzo habría enviado a España y que él habría tenido en su poder como administrador de los bienes de la Iglesia que fue bajo el pontificado de Sixto II. Fue martirizado en Roma el 10 de agosto de 258.

Enlaces relacionados:
Informe de Alfredo Barbagallo
Noticia publicada en Religión en Libertad
La Catedral del Santo Cáliz

sábado, 28 de febrero de 2009

Artículo: Lorenzo va de Híspalis a Roma

Lorenzo es un joven diácono. De familia hispano-romana. Su nombre Lorenzo es Laurencio, Laurente, el que reciba el Laurel, o sea el triunfador.

Ha venido desde el Norte de España para conocer el primer lugar donde el apóstol Santiago había puesto sus pies cuando vino a evangelizar la Hispania. Santiago había venido desde Roma, y, apenas llegó aquí bautizó al escultor Pío, y le dejó encargado de difundir la fe de Cristo. Y el apóstol emprendió, sandalias y báculo, el camino de Zaragoza, donde se le aparecería la Virgen sobre un Pilar, orilla del Ebro.

El joven diácono Lorenzo, inflamado de vocación decide ir a Roma. Es el año 250. Veamos, su camino, el mismo que recorrió dos siglos antes el apóstol, cruzando Hispania de sur a norte, por la magnífica calzada:

De Híspalis (Sevilla) a Carmo (Carmona); a Astigi (Écija); a Corduba (Córdoba).

A Epora (Montoro), a Ucia (San Julián); a Castalo (Linares). A Solaria (Montizón); a Mariana (Puebla de los Príncipes); a Mentesa (Villanueva de
la Fuente), a Parietinis (Albacete); a Saltigi (Chinchilla).

A Saetabi (Játiva); a Sucro (Almusafes), a Valentia (Valencia) a Sagyntum (Sagunto) ; a Ildum (Castellén de la Plana); a Intibilim (Peñíscola); a Dertosa (Tortosa); a Terraco (Tarragona).

A Antistiana (Villafranca del Penedés); a Fines (Martorell); a Arragonem (Sabadell); a Seterras (Hostalric); a Aquias Vocontis (Caldas de Malavella ); a Gerunda (Gerona).

Aquí termina la jurisdicción de la Hispania Tarraconense, y es el límite de Hispania. Sigue nuestro Lorenzo ya por tierras de la Galia (Francia).

En cada final de etapa, el joven diácono se ha ido deteniendo para visitar a los grupos cristianos. A pesar de las persecuciones de Nerón, Vitelio, Vespasiano y Domiciano, el cristianismo ha ido creciendo, como una planta regada con la sangre de numerosos mártires. Trajano, el emperador que nació en Itálica, (que era en fin de cuentas el barrio residencial rico de Sevilla, el lugar del "otium" el ocio, mientras que Sevilla era el lugar del neg-otium, el no ocio, o sea el negocio), se había mostrado clemente con los cristianos, dejándoles en paz. Pero los emperadores más adelante, Caracalla, Heliogábalo y Decio han renovado de algún modo las persecuciones aunque menos brutales.

El joven diácono Lorenzo, consuela a unos, enseña a otros y a los pocos días prosigue su camino.

En la Galia pasa por Narbo (Narbona); Baeterras (Bezieres); Nemausum (Nimes); Arelata
(Arlés). Remonta los Alpes franceses desde Ajax (Aix en Provence) y por la calzada de Orvisón que va paralela al río Durance llega a Brigantum (Briçón), donde acaba la Galia y empieza el territorio italiano.

Su corazón late más deprisa porque ya siente el aire cercano a Roma. La Roma de Santiago, la
Roma de Pedro. Ahora Lorenzo ya no se detiene porque le han salido alas a sus pies. Segusiones
(Chisone); Ocellum (Giaveno); Tayrinis (Turin); Quadrata (Asti); Laumellum (Lomello); Brambum (Pavía); Placentia (Placenza); Parma (Parma); Bononia (Bolonia); Ariminum (Rimini); Pisaurum (Pesaro), Mevania (Spoleto); Veil, ah estamos en Veil. Desde aquí, en lo alto de una loma Lorenzo mira el paisaje. A lo lejos se ven las siete colinas: Quirinal, Viminal, Esquilino, Cello, Aventino, Palatino y Capitolio. Son siete. ¿Siete?. No, hay otra más pequeña que es el Monte Testaccio. Es un monte que se está formando como su nombre indica, con tiestos. Tiestos de ánforas de aceite y de vino que llegan cada día a Roma en los barcos onerarios procedentes de la Bética, de Sevilla.

Lorenzo sigue ya hacia Roma. Y visita a Sixto. Sixto es el principal de los diáconos, el archidiácono o sea el Arcediano. Sixto le nombra su ayudante, su secretario, su familiar.

Desde el 250 al 267 Lorenzo realiza una labor impresionante. Sixto, el Arcediano, desempeña
en efectividad el papel de Obispo de Roma, pues el Papa, harto hace con atender a las diócesis de todo el orbe romana, donde hay persecuciones, conflictos con otras religiones, penuria, herejías. Lorenzo es su brazo derecho, y asiste con toda eficacia y fidelidad a Sixto.

En el año 267 Sixto es elegido Papa. En ese tiempo han muerto los emperadores, Decio en el año 251, Galo el 253, Valeriano el 260. Cada emperador dura lo que le dejan durar los guardias pretorianos. Ahora rige el Imperio otro perseguidor de los cristianos: Galieno.

Galieno tiene un terrible servidor un juez llamado Hipólito. En Agosto del año 268 Hipólito ordena una razzia para prender a los cristianos más representativos. Piensa que si corta la cabeza a la religión cristiana, el cuerpo se desintegrará.

La cabeza de la Iglesia es el Papa Sixto II, pero su brazo derecho es el diácono Lorenzo. Ambos son condenados a muerte, Sixto es crucificado. A Lorenzo le aguarda otro suplicio peor. Hipólito, el juez, quiere conocer nombres, mas nombres significativos. A Lorenzo se le amenaza con el fuego. Han traído una gran parrilla de las que se usan para el recocido de planchas de metal en la fundición de hierro. Lorenzo es acostado sobre la parrilla puesta al fuego. A medida que la parrilla se calienta más y más. Hipólito espera oir los nombres de los jefes de la Iglesia. Pero Lorenzo no habla. Es decir él habla. Lo que sus labios pronuncian no son nombres sino oraciones. Lorenzo está rezando mientras que el fuego consume su espalda, sus piernas, sus brazos.

Entonces se produjo el milagro. No el de la liberación de Lorenzo sino el de la conversión de Hipólito. El juez terrible se proclama cristiano. El emperador ordena su muerte. Los tres juntos, Sixto, Lorenzo e Hipólito entregan su vida el mismo día. La Iglesia los ha proclamado mártires y santos.

El Imperio Romano había iniciado ya su decadencia, y se anunciaba su total ruina. Tras Galieno, ya los emperadores son apenas figuras virtuales. Casi ni sus nombres aparecen en la Historia. Aureliano, Tácito, Probo, Numeriano, Carino.

Los bárbaros estaban ya empezando a golpear con sus espadas las puertas del Imperio.

El Edicto de Milán emitido por Constantino el año 311 declara libre la religión cristiana. Será lo único que perviva por los siglos, de los siglos. AMÉN.

José María de Mena
Académico correspondiente de la de Historia.

(Publicado en el boletín parroquial Tu Parroquia nº 31 de Abril-Junio de 2003).